El gobierno de Nicolás Maduro ha calificado este apoyo como una "provocación", tensando los lazos entre los dos países caribeños, que comparten fronteras marítimas y complejos desafíos económicos y migratorios.
A nivel local, la presencia de buques de guerra y la agresiva campaña de interdicción estadounidense han tenido un efecto paralizante en la industria pesquera. Los pescadores trinitenses, según los informes, temen salir a navegar por miedo a que sus embarcaciones sean confundidas con las de narcotraficantes y se conviertan en blanco de los ataques letales que ya se han reportado en la región. Este temor evidencia el impacto directo de la geopolítica en la vida cotidiana de las comunidades costeras. La alineación de Trinidad y Tobago con Washington ilustra las presiones que enfrentan las naciones más pequeñas del Caribe, atrapadas entre la influencia de una superpotencia y sus relaciones con sus vecinos inmediatos, creando nuevas fisuras diplomáticas y exacerbando la inseguridad local.













