La IV Cumbre Celac-UE, celebrada en Santa Marta, Colombia, se ha visto dominada por la creciente tensión entre Venezuela y Estados Unidos, convirtiéndose en un foro clave donde líderes latinoamericanos han expuesto sus profundas divisiones sobre cómo abordar la presencia militar estadounidense en el Caribe. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, marcó el tono al declarar que la cumbre "solo tiene sentido ahora si es para debatir la cuestión de los buques de guerra estadounidenses". Lula, quien tiene previsto viajar a Colombia para el evento, envió una advertencia directa a Donald Trump, afirmando que "los problemas políticos no se resuelven con armas".
Su postura refleja un intento de posicionar a la región como un bloque que busca soluciones diplomáticas y se opone a la intervención militar.
Sin embargo, esta visión no es unánime.
Los artículos señalan que la "decisión de Trump sobre Venezuela genera divisiones entre países de América Latina", con actores clave como Brasil y Colombia adoptando enfoques muy diferentes. Mientras algunos líderes, como el presidente español Pedro Sánchez, se unen a Petro y Lula para discutir la situación, la cumbre también ha estado marcada por ausencias notables de líderes europeos, lo que algunos analistas vinculan con las tensas relaciones del gobierno colombiano con la administración Trump. La crisis venezolana, por tanto, no es solo un tema en la agenda, sino el catalizador que evidencia la fragmentación de la respuesta latinoamericana y la dificultad de hablar con una sola voz frente a la política exterior de Estados Unidos.
En resumenLa Cumbre Celac-UE ha puesto de manifiesto que la tensión entre Estados Unidos y Venezuela es el principal punto de fricción diplomática en América Latina. El evento ha servido como escenario para que líderes como Lula da Silva desafíen la política de Washington, al tiempo que ha expuesto las divisiones y la falta de consenso en la región para una respuesta unificada.