Su postura refleja un intento de posicionar a la región como un bloque que busca soluciones diplomáticas y se opone a la intervención militar.

Sin embargo, esta visión no es unánime.

Los artículos señalan que la "decisión de Trump sobre Venezuela genera divisiones entre países de América Latina", con actores clave como Brasil y Colombia adoptando enfoques muy diferentes. Mientras algunos líderes, como el presidente español Pedro Sánchez, se unen a Petro y Lula para discutir la situación, la cumbre también ha estado marcada por ausencias notables de líderes europeos, lo que algunos analistas vinculan con las tensas relaciones del gobierno colombiano con la administración Trump. La crisis venezolana, por tanto, no es solo un tema en la agenda, sino el catalizador que evidencia la fragmentación de la respuesta latinoamericana y la dificultad de hablar con una sola voz frente a la política exterior de Estados Unidos.