Como parte de su ofensiva en la región, la administración Trump ha ejecutado una serie de ataques letales contra embarcaciones en aguas internacionales, calificadas como "narcolanchas", acciones que han resultado en decenas de muertes y han sido descritas como una "cacería sangrienta". El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha confirmado varias de estas operaciones, difundiendo mensajes contundentes a través de sus redes sociales. En una de sus declaraciones advirtió: "A todos los narcoterroristas que amenazan nuestra patria: si quieren seguir vivos, dejen de traficar drogas. Si continúan traficando drogas mortales, los mataremos".
Estos ataques no se han limitado al Caribe, sino que se han expandido a aguas del Pacífico, cerca de las costas de Colombia. Los informes indican que estas operaciones han causado la muerte de al menos 67 personas, en su mayoría de nacionalidad colombiana y venezolana, en ataques a 17 embarcaciones desde septiembre. El gobierno estadounidense ha justificado estas acciones afirmando que tratará a los grupos de narcotráfico con la misma severidad que a organizaciones terroristas como Al-Qaeda.
Sin embargo, esta política ha sido fuertemente criticada por organismos internacionales.
Naciones Unidas ha llegado a pedir el cese de estas acciones, calificándolas como "violatorias del derecho internacional".
La estrategia de ataques letales representa la faceta más violenta de la presión estadounidense, transformando la tensión diplomática en un conflicto con víctimas mortales y generando una profunda controversia sobre su legalidad y sus consecuencias humanitarias.
En resumenLos ataques directos y letales de Estados Unidos contra supuestas embarcaciones de narcotráfico en el Caribe y el Pacífico han causado decenas de muertes, escalando la tensión a un nivel de confrontación armada bajo una justificación antidrogas que ha sido cuestionada por organismos internacionales por su legalidad.