Sin embargo, el éxito de este esfuerzo es incierto, ya que el evento está “marcado por ausencias clave y tensiones regionales”.

Figuras importantes de la Unión Europea no asistirán, y la propia región latinoamericana está dividida en su postura frente a las acciones de EE.

UU.

La tensa relación entre el gobierno anfitrión de Colombia y la administración Trump añade otra capa de complejidad, haciendo de la cumbre un termómetro de la fragmentación regional y de la dificultad para alcanzar un consenso frente a la política exterior estadounidense.