Esta capacidad defensiva es un elemento disuasorio clave para Caracas.

Sin embargo, esta fortaleza contrasta con el deterioro de su equipamiento convencional, ya que el país “sufre por los aviones y tanques dañados”, lo que sugiere graves problemas de mantenimiento y operatividad. Además, se han reportado fallas en las señales de GPS en varias zonas del país, coincidiendo con ejercicios militares estadounidenses, lo que podría indicar vulnerabilidades ante una guerra electrónica. La situación se complica con informes sobre el hallazgo de armamento del Ejército venezolano en manos de grupos criminales en Brasil, lo que apunta a posibles problemas de control de inventarios o corrupción. En conjunto, la capacidad de respuesta de Venezuela es incierta, dependiendo de la efectividad de su escudo antiaéreo para compensar las deficiencias en otras áreas.