La administración Trump ha justificado su despliegue militar y los ataques en el Caribe bajo la bandera de una "guerra contra las drogas", calificando a sus objetivos como "carteles terroristas". Sin embargo, esta narrativa es ampliamente percibida por la comunidad internacional y analistas como un pretexto para ejercer presión militar sobre el gobierno de Venezuela. El gobierno de Donald Trump ha descrito los ataques como una misión antidroga, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha llegado a comparar la severidad de estas acciones con la lucha contra Al-Qaeda.
Según esta versión oficial, los bombardeos se dirigen a narcosubmarinos y lanchas que transportan estupefacientes en rutas clave.
No obstante, esta justificación ha sido fuertemente criticada.
Un artículo de opinión califica la narrativa de Trump como una "justificación grotesca" y una "ficción sin sentido" destinada a legitimar la violencia. La ONU ha ido más allá, calificando los ataques de posibles "ejecuciones extrajudiciales" y pidiendo su cese. Funcionarios estadounidenses han admitido en privado que las operaciones forman parte de una campaña más amplia para derrocar a Nicolás Maduro, lo que sugiere que los objetivos van más allá del narcotráfico.
Esta dualidad entre el discurso público y los objetivos geopolíticos no declarados genera escepticismo sobre la verdadera naturaleza y legalidad de la ofensiva.
En resumenAunque la 'guerra contra las drogas' es la justificación oficial de Estados Unidos, esta narrativa es cuestionada a nivel global. Críticos y organismos internacionales la consideran una fachada para una estrategia de presión militar con el objetivo final de un cambio de régimen en Venezuela.