En un contexto de creciente confrontación geopolítica, el presidente Donald Trump ordenó al Departamento de Guerra iniciar pruebas con armas nucleares, una decisión que no se tomaba en más de 30 años y que revive los temores de una nueva carrera armamentista a nivel mundial. La medida fue justificada por Trump bajo el argumento de que otras potencias, como Rusia y China, estarían realizando ensayos similares en secreto. A través de su red social Truth, Trump afirmó que Estados Unidos "posee más armas nucleares que cualquier otro país" y que actuará "en igualdad de condiciones".
La reacción de Rusia fue inmediata.
El presidente Vladimir Putin encargó a su gobierno que elaborara propuestas para una reanudación de sus propios ejercicios nucleares, marcando un punto de inflexión en las tensiones atómicas. El secretario del Consejo de Seguridad ruso advirtió que las declaraciones de Trump "repercuten en la estabilidad estratégica". La decisión estadounidense fue criticada por la campaña para abolir las armas atómicas, que declaró: "Así no se gana el Nobel de la Paz". Este cruce de amenazas entre Washington y Moscú se produce en paralelo a la crisis en el Caribe, dibujando un panorama global de rearme y retórica beligerante entre las principales potencias nucleares del planeta.
En resumenLa orden de Donald Trump de reanudar las pruebas nucleares y la rápida respuesta de Vladimir Putin han desencadenado una peligrosa escalada en la retórica atómica. Esta decisión, enmarcada en una política exterior más agresiva, amenaza con deshacer décadas de moratorias y desatar una nueva y desestabilizadora carrera armamentista.