La reacción de Rusia fue inmediata.

El presidente Vladimir Putin encargó a su gobierno que elaborara propuestas para una reanudación de sus propios ejercicios nucleares, marcando un punto de inflexión en las tensiones atómicas. El secretario del Consejo de Seguridad ruso advirtió que las declaraciones de Trump "repercuten en la estabilidad estratégica". La decisión estadounidense fue criticada por la campaña para abolir las armas atómicas, que declaró: "Así no se gana el Nobel de la Paz". Este cruce de amenazas entre Washington y Moscú se produce en paralelo a la crisis en el Caribe, dibujando un panorama global de rearme y retórica beligerante entre las principales potencias nucleares del planeta.