Además de la vía diplomática, Venezuela ha respondido militarmente, desplegando sus propias fuerzas en zonas costeras y manteniendo a sus milicias en alerta. La cooperación no se limita al ámbito militar; ambos países también han reforzado sus lazos energéticos con un tratado para la exploración conjunta de campos de petróleo y gas, buscando modernizar la infraestructura venezolana. Esta alianza es vista como un contrapeso a la influencia estadounidense en la región y eleva el conflicto a un pulso geopolítico entre potencias mundiales.