Las consecuencias, sin embargo, se extienden más allá de las fronteras venezolanas.

En Trinidad y Tobago, el despliegue naval de EE.

UU. ha generado un profundo temor entre los pescadores locales.

Estos trabajadores evitan salir a navegar por miedo a que sus embarcaciones sean confundidas con lanchas de narcotraficantes y se conviertan en blanco de los ataques militares estadounidenses que ya han dejado decenas de muertos en la región. Esta situación paraliza una actividad económica fundamental para las comunidades costeras y demuestra cómo las repercusiones de un conflicto geopolítico afectan directamente a la población civil de naciones que no son el objetivo principal de la operación. El temor de los pescadores es un microcosmos del impacto social y económico que la estrategia de máxima presión de Washington está teniendo en el día a día de la gente común en el Caribe.