A esto se suman aviones de combate F-35B y aeronaves espía que sobrevuelan la costa venezolana.

Para sostener esta presencia, Estados Unidos ha modernizado bases militares en territorios estratégicos como Puerto Rico y las Islas Vírgenes.

La Casa Blanca justifica este despliegue como una "guerra contra las drogas", pero funcionarios estadounidenses han reconocido en privado que forma parte de una campaña más amplia para derrocar a Maduro. Esta narrativa dual permite a Washington mantener una postura ofensiva sin declarar abiertamente una intención bélica, lo que genera una escalada de tensiones en toda la región. El gobierno venezolano ha calificado el operativo de "asedio criminal" y una provocación directa, mientras que la magnitud de la fuerza desplegada ha despertado la preocupación de países vecinos, como Colombia, sobre las posibles consecuencias de un conflicto.