Esta dualidad en el mensaje busca mantener una presión constante sobre el régimen de Maduro, sugiriendo que su caída es inevitable sin comprometerse a una intervención militar a gran escala, que sería costosa y políticamente arriesgada.

La estrategia parece ser la de fomentar la incertidumbre y la presión psicológica, esperando que esto acelere un colapso interno del gobierno venezolano. Sin embargo, la contundencia de sus palabras, sumada al masivo despliegue militar en el Caribe, crea un ambiente de alta tensión y especulación en toda la región, donde aliados y adversarios intentan descifrar los próximos pasos de la Casa Blanca.