Pescadores en Trinidad y Tobago, por ejemplo, han expresado su miedo a salir a faenar por temor a ser confundidos con narcotraficantes.

A pesar de la demostración de fuerza, que Venezuela califica de "asedio criminal", el presidente Donald Trump ha negado planes de un ataque directo, aunque tampoco ha descartado por completo una intervención terrestre. Esta ambigüedad estratégica mantiene un estado de máxima tensión, donde la intimidación militar se convierte en la principal herramienta de presión, alterando el equilibrio geopolítico y manteniendo a la región en vilo sobre las verdaderas intenciones de Washington.