Esta cooperación no se limita al ámbito militar.

Recientemente, ambas naciones firmaron un tratado para la exploración y explotación conjunta de campos de petróleo y gas, además de proyectos en el sector eléctrico para modernizar la infraestructura energética venezolana. Este acercamiento estratégico es visto como una respuesta directa a la presencia naval de Estados Unidos en el Caribe y a la retórica belicista de la administración Trump. La alianza con Moscú le proporciona a Venezuela no solo un potencial escudo militar, como su sistema antiaéreo de fabricación rusa, sino también un socio económico y diplomático clave en el escenario mundial, complicando cualquier posible acción unilateral por parte de Estados Unidos.