Estas operaciones, que han dejado decenas de muertos, han sido defendidas por Washington como una guerra contra los carteles, pero han sido duramente criticadas por las Naciones Unidas.
Desde septiembre, Estados Unidos ha destruido al menos 15 lanchas, causando la muerte de más de 60 personas.
El presidente Donald Trump defendió estas acciones en un discurso a las tropas, afirmando que los ocupantes de las embarcaciones “no estaban pescando”. Su secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha comparado estos ataques con las guerras en Oriente Medio.
Esta política ha provocado una fuerte reacción de la comunidad internacional. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, calificó los ataques de posibles “ejecuciones extrajudiciales” y acusó a Estados Unidos de “violar el derecho internacional de los derechos humanos”. Türk instó al gobierno de Trump a cesar de inmediato estas acciones, independientemente de la presunta conducta delictiva de los tripulantes. Organizaciones como Human Rights Watch también han alertado sobre el uso excesivo de la fuerza. La estrategia ha sido descrita por medios como *The Washington Post* como un acto de “piratería internacional”, redefiniendo la lucha antidrogas como un conflicto bélico sin las debidas garantías legales.













