Informes de influyentes medios de comunicación estadounidenses sobre la preparación de ataques militares inminentes contra Venezuela generaron una gran alarma internacional. Sin embargo, estas versiones fueron categóricamente desmentidas por altos funcionarios de la administración Trump, incluido el propio presidente. Medios como el *Wall Street Journal* y el *Miami Herald* publicaron que el gobierno de Donald Trump estaba definiendo posibles blancos militares en Venezuela, incluyendo puertos, aeropuertos y bases de las Fuerzas Armadas, y que los ataques aéreos podrían ocurrir “en cuestión de días o, incluso, horas”. Estas revelaciones alimentaron la narrativa de una intervención militar directa como parte de la estrategia de máxima presión para forzar la salida de Nicolás Maduro. La reacción de la Casa Blanca fue inmediata y contundente.
El presidente Trump, al ser consultado por periodistas, negó haber tomado una decisión al respecto.
De manera similar, el senador Marco Rubio calificó la historia del *Miami Herald* como “falsa” y la desmintió enérgicamente.
Por su parte, Elliott Abrams, exenviado especial de EE.
UU. para Venezuela, sugirió que la estrategia de Trump no es una invasión inminente, sino más bien una “operación psicológica” para ejercer presión sobre el régimen de Maduro. Este cruce de informaciones y desmentidos ha creado un ambiente de incertidumbre, donde es difícil discernir entre una amenaza real, una filtración interesada o una táctica de guerra psicológica para desestabilizar al gobierno venezolano.
En resumenLa difusión de informes sobre un posible ataque estadounidense a Venezuela, seguida de firmes desmentidos por parte de la administración Trump, generó un clima de confusión y guerra psicológica. Este episodio evidencia la tensión existente y las diferentes estrategias, tanto mediáticas como diplomáticas, empleadas en el conflicto bilateral.