Esta movilización, que incluye buques de guerra avanzados y bombarderos estratégicos, ha elevado significativamente la tensión en la región. El despliegue forma parte de una operación que la administración Trump justifica como una ofensiva contra el narcotráfico, pero que es percibida por el gobierno de Nicolás Maduro como un “asedio criminal” y una amenaza directa a su soberanía. La movilización incluye el crucero lanzamisiles USS Gettysburg y la próxima llegada del portaaviones USS Gerald R. Ford, considerado el más moderno de la flota estadounidense. Además, se han reportado sobrevuelos de bombarderos B-1B cerca de la costa venezolana y el despliegue de cazas F-35B en Puerto Rico, donde la Administración Federal de Aviación ha prohibido vuelos en una zona militar por “razones especiales de seguridad”. Analistas y medios de comunicación cuestionan si el verdadero objetivo es presionar a los gobiernos de Maduro y del presidente colombiano Gustavo Petro, o si podría escalar a un conflicto directo. La operación ha generado un intenso debate sobre la estrategia de Washington en la región, con preguntas sobre quién dirige la operación y si se trata de una táctica de intimidación calculada mientras Maduro se mantiene en el poder. Esta demostración de fuerza ha convertido al Caribe en un escenario de alta tensión geopolítica, con implicaciones que se extienden a países vecinos como Colombia.