En respuesta a la creciente presión militar de Estados Unidos en el Caribe, el gobierno de Nicolás Maduro ha activado una serie de medidas defensivas que incluyen la puesta en alerta máxima de sus fuerzas armadas, la realización de ejercicios militares y el fortalecimiento de sus alianzas estratégicas, especialmente con Rusia. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, ha declarado que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) se encuentra en “alerta máxima” y en “preparación constante” ante lo que describió como un despliegue militar estadounidense que “cada día se aproxima más” a las costas venezolanas. Como parte de esta preparación, Maduro ordenó ejercicios militares de 72 horas en las costas del país, con un despliegue de tropas, milicianos y cuerpos policiales.
El propio mandatario advirtió que, en caso de una intervención, ordenaría una “insurrección armada nacional”. En el ámbito diplomático, Maduro ha buscado el diálogo, haciendo un llamado a la paz en un mensaje improvisado en inglés dirigido a Trump: “Not crazy war, yes peace”.
Simultáneamente, ha reforzado sus lazos con Moscú.
El presidente ruso, Vladímir Putin, ratificó el acuerdo de asociación estratégica y cooperación con Venezuela, y Maduro agradeció públicamente a Rusia por el equipamiento militar “para garantizar la paz”.
Además, las fuerzas militares venezolanas informaron haber interceptado aeronaves que violaron su espacio aéreo, calificándolas de “narcoaeronaves” y declarándolas “blanco de interés”, en una clara demostración de su capacidad de defensa.
En resumenLa respuesta de Venezuela a la presión estadounidense ha sido doble: por un lado, una demostración de capacidad militar defensiva y el refuerzo de su alianza con Rusia; por otro, un llamado diplomático a la paz, buscando disuadir una agresión directa mientras se prepara para el peor escenario.