Esta maniobra representa la mayor escalada militar en la región desde agosto y ha sido interpretada por Venezuela como una amenaza directa a su soberanía.
El despliegue del portaaviones, anunciado el 24 de octubre, se suma a un ya considerable contingente militar estadounidense en la zona, que incluye ocho buques de guerra, un submarino nuclear, aviones de combate F-35 y cerca de 10.000 efectivos. El USS Gerald R. Ford es una embarcación de propulsión nuclear con capacidad para más de 75 aeronaves y una tripulación de 4.500 personas. Según un portavoz del Pentágono, su misión es reforzar la capacidad para “detectar, monitorear y desmantelar actores y actividades ilícitas” en el marco de la operación antidrogas del Comando Sur. La llegada de esta fuerza naval ha sido recibida con alarma en Caracas. El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, declaró que el país enfrenta “la peor amenaza en más de 100 años” y que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) se encuentra en alerta máxima. La tensión se vio exacerbada por la llegada del destructor USS Gravely a Trinidad y Tobago para realizar ejercicios militares conjuntos, lo que llevó a Venezuela a denunciar una “provocación hostil” y a suspender acuerdos energéticos con la nación insular.
Expertos señalan que el portaaviones podría tardar aproximadamente una semana en llegar a las costas venezolanas desde su última ubicación conocida en el mar Adriático.













