Estos ataques, justificados por Washington como una guerra contra el “narcoterrorismo”, han generado una condena internacional generalizada. Desde septiembre de 2025, el Ejército estadounidense ha ejecutado más de una docena de bombardeos contra lanchas rápidas y semisumergibles, que según el Pentágono, eran operadas por “Organizaciones Terroristas Designadas” como el Tren de Aragua y el ELN. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha difundido videos de los ataques, calificando a las víctimas de “narcoterroristas” y afirmando que “han matado a más estadounidenses que Al Qaeda”. Uno de los ataques más letales ocurrió el 28 de octubre, cuando cuatro lanchas fueron destruidas en el Pacífico, dejando catorce muertos.
El presidente Trump defendió estas acciones, declarando irónicamente que las embarcaciones “no estaban pescando”.
Sin embargo, la Casa Blanca no ha presentado pruebas públicas que confirmen la presencia de drogas o la afiliación criminal de las tripulaciones. La ofensiva ha provocado una fuerte reacción de la comunidad internacional.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, calificó los ataques de “asesinatos” y “crimen de guerra”, mientras que legisladores demócratas y algunos republicanos en EE.
UU., como Rand Paul, los han descrito como “ejecuciones extrajudiciales”.
Organizaciones como Human Rights Watch (HRW) y Amnistía Internacional han denunciado que estas operaciones violan el derecho internacional al hacer un uso desproporcionado de la fuerza fuera de un conflicto armado declarado, mientras que la ONU ha expresado su preocupación.













