La ofensiva militar de Estados Unidos en el Caribe y el Pacífico ha incluido una serie de ataques letales contra pequeñas embarcaciones, resultando en decenas de muertes y generando una fuerte condena internacional por presuntas violaciones al derecho internacional. Desde septiembre, las fuerzas estadounidenses han hundido al menos diez embarcaciones, causando la muerte de más de 43 personas. La administración Trump justifica estas acciones como parte de un “conflicto armado directo” contra los carteles de la droga, a los que ha designado como “organizaciones terroristas extranjeras”. El presidente Trump ha declarado que los “narcoterroristas serán tratados igual que Al Qaeda”.
Sin embargo, esta estrategia ha sido duramente criticada.
Los gobiernos de Colombia, Venezuela y México han denunciado los ataques, calificándolos de “ejecuciones extrajudiciales” y violaciones a su soberanía, argumentando que Washington no ha presentado pruebas de que las lanchas transportaran drogas. La organización Human Rights Watch (HRW) también ha condenado las operaciones, señalando que “no existe un conflicto armado que autorice este uso de la fuerza” y exigiendo una investigación. La controversia se ha extendido al Congreso de EE. UU., donde senadores de ambos partidos, como el republicano Rand Paul y el demócrata Rubén Gallego, han cuestionado la legalidad de los ataques, calificándolos de “asesinatos”. La ofensiva, que comenzó en el Caribe, se ha expandido al Pacífico, con ataques registrados frente a las costas de Colombia, lo que ha agravado la crisis diplomática con el gobierno de Gustavo Petro.
En resumenLa campaña de ataques de EE. UU. contra supuestas 'narcolanchas' ha dejado un alto número de muertos y ha provocado una grave controversia diplomática. Gobiernos regionales y organizaciones de derechos humanos cuestionan su legalidad, calificándolos de 'ejecuciones extrajudiciales', mientras Washington los defiende como una acción necesaria contra el 'narcoterrorismo'.