El Pentágono ha ordenado un significativo despliegue militar en el mar Caribe, incluyendo el portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande de su flota, lo que ha sido interpretado por Venezuela como una amenaza directa a su soberanía. La movilización militar estadounidense en el área de responsabilidad del Comando Sur ha sido justificada por Washington como una operación para “desmantelar las organizaciones criminales transnacionales” y combatir el narcoterrorismo. Este despliegue incluye no solo al portaaviones USS Gerald R. Ford, con capacidad para 75 aeronaves y una tripulación de 4.500 personas, sino también su grupo de ataque, el destructor USS Gravely, un submarino de propulsión nuclear, aviones de combate F-35B y drones MQ-9 que operan desde Puerto Rico.
Varios informes señalan que este contingente, que podría sumar hasta 10.000 soldados, es el más grande en la región desde la invasión a Panamá en 1989.
El gobierno venezolano ha reaccionado con alarma, calificando la presencia militar como una “peligrosa provocación” y una “amenaza militar”.
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, afirmó que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) se encuentra en “máxima alerta” y se está preparando para defender el territorio ante lo que considera un “despliegue inédito de medios aeronavales”. Padrino López aseguró que el país está “realmente amenazado” y que el despliegue se acerca “cada día más” a las costas venezolanas.
El arribo del USS Gravely a Trinidad y Tobago para ejercicios militares conjuntos ha sido un punto particular de fricción, llevando a Caracas a denunciar una “provocación hostil” coordinada con la CIA.
En resumenEl masivo despliegue naval y aéreo de Estados Unidos en el Caribe, justificado como una operación antinarcóticos, ha provocado una enérgica respuesta de Venezuela, que lo considera una amenaza directa y ha puesto a sus fuerzas armadas en alerta máxima, elevando significativamente la tensión militar en la región.