La administración Trump ha dado un giro en su estrategia hacia América Latina, vinculando el narcotráfico con el terrorismo internacional. En este marco, Washington acusa a Venezuela de haberse transformado en un “hub” donde convergen el crimen organizado y grupos terroristas como Hezbolá.
Un estudio del Atlantic Council de 2020 ya señalaba esta tendencia.
Durante una comparecencia ante el Senado de EE. UU., el exsubsecretario del Tesoro, Marshall Billingslea, afirmó que la presencia de Hezbolá en Venezuela se “amplió drásticamente” bajo el gobierno de Maduro. Según Billingslea, el régimen venezolano habría adjudicado contratos a empresas fachada de Hezbolá, facilitado la emisión de pasaportes a sus miembros y permitido el establecimiento de un “centro de entrenamiento paramilitar” en la Isla de Margarita, a donde habrían sido enviados 400 comandantes desde Líbano. Estas acusaciones sostienen que Hezbolá utiliza las redes de narcotráfico y contrabando en la región para financiar su infraestructura global. Esta vinculación es un componente clave de la narrativa de “narco-terrorismo” que EE. UU. utiliza para justificar su despliegue militar en el Caribe y la designación de grupos criminales venezolanos, como el Tren de Aragua, como organizaciones terroristas.













