La maniobra, en un país a solo 10 kilómetros de la costa venezolana, es vista como parte de la estrategia de presión de Washington en la región. El destructor lanzamisiles USS Gravely atracó en Puerto España, la capital de Trinidad y Tobago, el 26 de octubre de 2025, para una operación de cooperación y entrenamiento con las fuerzas de defensa locales.

Washington describió la misión como un apoyo en operaciones antinarcóticos, pero su ubicación estratégica tan cercana a Venezuela fue interpretada por Caracas como un mensaje geopolítico directo.

El gobierno venezolano denunció los ejercicios como una “provocación” que amenaza la paz regional. Una residente de Puerto España, citada en los artículos, resumió la percepción local: “Hay una buena razón por la que traen su buque de guerra aquí. Es para ayudar a limpiar los problemas de drogas que están en el territorio venezolano”. La llegada del buque no es un hecho aislado, sino que se enmarca en la mayor concentración militar estadounidense en el Caribe desde 1989, ordenada por el presidente Trump. En una escalada de la retórica, el gobierno de Maduro anunció simultáneamente la detención de un grupo de “mercenarios” presuntamente vinculados con la CIA, a quienes acusó de planear un “ataque de falsa bandera” para justificar una guerra. La presencia militar estadounidense en un país vecino intensifica el cerco diplomático y militar sobre Venezuela, aumentando el riesgo de incidentes en una de las zonas más sensibles del continente.