Esta designación es la justificación central para la escalada militar en el Caribe y las crecientes amenazas contra Venezuela.
Funcionarios de alto nivel de Estados Unidos han promovido activamente esta caracterización. El director de la Administración de Control de Drogas (DEA), Terry Cole, afirmó que Venezuela “se ha convertido en un Estado narcoterrorista que colabora con las FARC y el ELN para enviar este veneno a Estados Unidos”. La portavoz presidencial, Karoline Leavitt, ha sostenido que “Maduro lidera un régimen ilegítimo que trafica drogas a Estados Unidos”. Estas acusaciones forman la base legal y política para la designación de carteles como organizaciones terroristas, lo que a su vez permite a EE. UU. declararse en un “conflicto armado directo” y justificar el uso de la fuerza militar, como los ataques a embarcaciones.
Sin embargo, varios artículos señalan una contradicción en esta narrativa.
Se menciona que informes clave, como la evaluación nacional de la amenaza de las drogas de la propia DEA y el informe mundial de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), no identifican al “Cartel de los Soles” ni señalan a Venezuela como un actor preponderante en el circuito de drogas ilícitas.
Esto sugiere que la designación podría tener una motivación más política que técnica, orientada a legitimar una política exterior agresiva contra un gobierno considerado adversario.













