La concesión del galardón ha estado rodeada de polémica. El Consejo Noruego de Paz, una institución tradicionalmente involucrada en la ceremonia, anunció la cancelación del evento de entrega en homenaje a Machado, argumentando que su elección “no se ajusta a los valores” de la institución, aunque la suspensión no afecta el reconocimiento oficial.
Esta situación ha reforzado las críticas que ven el premio como una herramienta geopolítica. Un artículo señala que, en las últimas décadas, el Nobel de la Paz ha sido influenciado por intereses de Estados Unidos, y que el objetivo de premiar a Machado sería similar al de Lech Walesa en 1983: crear condiciones para desestabilizar un gobierno. Se menciona además que la opositora le ha dicho al presidente Trump que una invasión militar le permitiría tomar el poder y que dedicó el premio al mandatario estadounidense, lo que es visto como un síntoma del futuro que podría avecinarse. La propia Machado ha prometido un “nuevo comienzo” para Venezuela, afirmando que el país será “la envidia del planeta”, pero su alineación con las posturas más duras de Washington genera incertidumbre sobre los métodos para alcanzar dicho cambio.













