El objetivo declarado por el Pentágono es “desmantelar las organizaciones criminales transnacionales” y fortalecer la ofensiva antidrogas.

Sin embargo, la magnitud de la fuerza desplegada ha generado escepticismo sobre sus verdaderas intenciones. El presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha hecho un llamado a “evitar una guerra en el Caribe”, mientras que su ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, describió la situación como “la peor amenaza en más de 100 años”.

La comunidad internacional también ha reaccionado con preocupación.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió que si este tipo de acciones “se convierte en moda”, la región podría volverse “una tierra sin ley”.

Su asesor, Celso Amorim, alertó sobre el peligro de “incendiar América del Sur”.

El gobierno venezolano se ha declarado en “alerta” y ha afirmado que sus fuerzas armadas se están preparando para enfrentar lo que consideran un “inédito” y “grosero” despliegue militar que se acerca cada día más a sus costas.