Esta amenaza representa una escalada significativa respecto a los bombardeos marítimos y ha generado una fuerte reacción de rechazo por parte de los gobiernos de la región. Tras una serie de bombardeos en el Caribe y el Pacífico, Trump declaró que su país "golpeará muy duro" a quienes participen en el tráfico de drogas y que las operaciones por tierra serían "lo siguiente". Aunque no especificó en qué países se desarrollarían estos ataques, sus declaraciones se produjeron en un contexto de crecientes acusaciones contra Venezuela, Colombia y México, a los que ha señalado como países "manejados" por los carteles.
El mandatario estadounidense sugirió que podría notificar al Congreso sobre estas operaciones, pero también afirmó que no necesita una "declaración de guerra" formal para actuar. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, reaccionó de inmediato, advirtiendo que "cualquier agresión terrestre es invasión y es ruptura de soberanía nacional". La amenaza de Trump ha sido interpretada por analistas y gobiernos de la región no solo como parte de la lucha contra las drogas, sino como una posible justificación para intervenciones militares con objetivos geopolíticos más amplios, como el derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. La posibilidad de acciones en tierra firme eleva al máximo el nivel de tensión y el riesgo de un conflicto armado directo en el continente.













