Como una de las consecuencias más directas de la creciente tensión diplomática, el presidente Donald Trump anunció la suspensión de "todos los pagos" y subsidios de Estados Unidos a Colombia. Esta decisión fue justificada por la supuesta inacción del gobierno de Gustavo Petro en la lucha contra el narcotráfico y sus críticas a la política exterior estadounidense. Trump acusó a Petro de ser un "líder del narcotráfico" que "incentiva la producción masiva de drogas" y calificó la cooperación estadounidense como una "estafa a largo plazo". El anuncio se produjo en un contexto de duros intercambios verbales y tras la descertificación de Colombia por parte de Washington en materia de lucha antidrogas. Aunque no se ha especificado el monto exacto del recorte, se estima que la ayuda estadounidense a Colombia en 2023 superó los 740 millones de dólares, y en el año fiscal 2025 ascendió a más de 200 millones, destinados a programas de seguridad, desarrollo rural y asistencia humanitaria. El presidente Petro minimizó el impacto de la medida, afirmando: "¿Qué pasa si nos quitan la ayuda?
En mi opinión, nada".
Según Petro, gran parte de esa ayuda es gestionada por ONG a través de USAID y no se refleja directamente en el presupuesto nacional, aunque reconoció que podría generar "problemas puntuales", como la posible retirada de helicópteros. El ministro del Interior, Armando Benedetti, reforzó esta postura, declarando que "esas ayudas no son ayudas, es una plata que mandan para que se contrate con empresas gringas".
La suspensión de la ayuda marca un punto de quiebre en más de medio siglo de cooperación y amenaza con afectar programas clave para la seguridad y el desarrollo en Colombia.
En resumenLa suspensión de la ayuda financiera de Estados Unidos a Colombia, ordenada por Donald Trump, representa una drástica escalada en la crisis bilateral. Aunque el gobierno colombiano ha minimizado su impacto directo, la medida pone en riesgo décadas de cooperación y podría afectar programas cruciales en seguridad y desarrollo social.