El presidente Donald Trump ha declarado que “China está contrabandeando fentanilo a través de Venezuela hacia Estados Unidos”, eludiendo los controles portuarios. Según su administración, esta ruta es una de las principales vías de entrada del opioide sintético que “mata a decenas de miles de estadounidenses cada año”. La fiscal general, Pam Bondi, ha afirmado que gracias a las operaciones recientes, el flujo de fentanilo ha caído un 50%. Trump ha utilizado esta justificación para defender la letalidad de los ataques, sosteniendo que “con cada bote que destruimos, salvamos 25,000 vidas estadounidenses”. En uno de los ataques más recientes a un semisumergible, el mandatario aseguró que la embarcación estaba “repleta de fentanilo”. Los dos únicos sobrevivientes de esa operación, un colombiano y un ecuatoriano, fueron repatriados para ser procesados en sus países, una decisión que, según críticos, demuestra la falta de pruebas contundentes para un juicio en EE.
UU.
La vinculación del fentanilo con China y Venezuela le permite a Trump enmarcar el conflicto no solo como una lucha contra el narcotráfico, sino también como una confrontación con adversarios geopolíticos, lo que le otorga un mayor respaldo político interno.













