Esta disidencia interna revela profundas divisiones sobre la estrategia hacia Venezuela.
En el Congreso, ha surgido un esfuerzo bipartidista liderado por los senadores Tim Kaine (demócrata) y Rand Paul (republicano) para forzar una votación que bloquee los bombardeos.
El senador Paul ha sido una de las voces más críticas, argumentando que “no se puede matar indiscriminadamente” y cuestionando la justificación de la Casa Blanca. “Esa es la razón por la que no disparamos y simplemente explotamos botes cerca de Miami, pero tampoco deberíamos estallarlos cerca de la costa de Venezuela”, declaró. Congresistas como Adam Smith han exigido una comparecencia de la administración para que explique el fundamento legal de los ataques. La controversia se intensificó con la renuncia del almirante Alvin Holsey, jefe del Comando Sur, menos de un año después de asumir el cargo.
Aunque Holsey no dio explicaciones públicas, funcionarios citados por The New York Times aseguraron que había expresado “preocupación por la misión y los ataques”.
Su salida fue calificada por el senador Jack Reed como una “señal alarmante de inestabilidad en la cadena de mando” en un momento de máxima tensión con Venezuela. Este descontento en el estamento militar y político sugiere que la estrategia de Trump no cuenta con un respaldo unánime en Washington.













