Esta medida, confirmada tanto por el gobierno venezolano como por el propio Trump, revive el espectro del intervencionismo estadounidense en América Latina. El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, fue el primero en advertir sobre la presencia de la CIA, afirmando que la agencia está operando en el país y que sus maniobras militares buscan proteger a Venezuela de “cualquier acto de desestabilización”. Posteriormente, medios como The New York Times reportaron que Trump había autorizado a la CIA a llevar a cabo operaciones letales y encubiertas, y el propio presidente lo confirmó, justificando la decisión al afirmar que “Venezuela está enviando delincuentes y vaciando sus cárceles hacia Estados Unidos”.

Aunque Trump evitó responder si había un plan específico contra Nicolás Maduro, diciendo “¿No sería ridículo que yo respondiera eso?”, su autorización ha sido interpretada como una luz verde para acciones de desestabilización. El presidente Maduro reaccionó calificando la admisión de Trump como “inmoral y desesperada”, pero señaló que “lo nuevo” es que un presidente de EE.

UU. lo admita públicamente.

Este hecho ha sido vinculado por analistas con el historial de la CIA en la región, incluyendo su participación en golpes de Estado en Chile y Guatemala, lo que alimenta los temores de que el objetivo final sea un “cambio de régimen” en Venezuela.