Esta demostración de fuerza busca proyectar una capacidad defensiva robusta para disuadir lo que Caracas considera una amenaza directa a su soberanía. Nicolás Maduro ordenó la realización de nuevos ejercicios militares de 72 horas en las costas del país, movilizando a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) para alcanzar un “punto óptimo para evitar la amenaza militar”. El punto central de su advertencia fue la revelación de que Venezuela posee “nada más y nada menos que 5.000 misiles Igla-S”, un sistema portátil de defensa antiaérea de corto alcance y baja altitud, diseñado para derribar helicópteros, drones y aviones.
Maduro afirmó que estos misiles están desplegados “hasta en la última montaña, hasta en el último pueblo y hasta en la última ciudad del territorio” en “puestos claves” para “garantizar la paz”.
Este arsenal se suma a otros sistemas de origen ruso que componen la defensa aérea venezolana, como los S-300. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, ha respaldado estas acciones, enmarcando el despliegue estadounidense como una “grosera amenaza militar contra la región”. Maduro ha calificado la situación como una “guerra psicológica” impuesta por Washington, y ha insistido en que su país está preparado para defenderse de cualquier incursión extranjera, completando el plan “Operación Independencia 200” que abarca todas las Zonas de Defensa Integral del país.













