Estos pronunciamientos evidencian el aislamiento diplomático que enfrenta Washington por sus controvertidas operaciones contra el presunto narcotráfico venezolano.
China, a través de su embajador en Colombia, Zhu Jingyang, expresó su oposición “a la amenaza o uso de la fuerza en las relaciones internacionales” y rechazó “cualquier injerencia externa en los asuntos internos de Venezuela bajo cualquier pretexto”. Esta declaración alinea a Pekín con la postura de Caracas y representa una crítica directa a la estrategia de presión de la administración Trump, en un momento en que ambas potencias mantienen su propia guerra comercial. Por su parte, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha sido una de las voces más críticas en la región. Aunque ha mantenido distancia del gobierno de Maduro, Petro ha condenado enérgicamente los ataques. Denunció el “asesinato” de un pescador colombiano en uno de los bombardeos y calificó las operaciones como una “agresión en el Caribe” que viola la soberanía de los países de la zona. Su rechazo a las posibles operaciones terrestres de la CIA en Venezuela subraya la preocupación de Colombia por una desestabilización en su frontera. Estas reacciones demuestran que la ofensiva de Trump, lejos de generar un consenso regional, ha sido percibida como una acción unilateral y peligrosa que amenaza la estabilidad de América Latina.













