El almirante Holsey era el máximo responsable de supervisar las operaciones navales en Centro y Sudamérica, incluyendo los controvertidos ataques contra presuntas “narcolanchas” frente a las costas venezolanas. En su comunicado oficial, Holsey no especificó los motivos de su retiro, previsto para diciembre de 2025. Sin embargo, funcionarios estadounidenses, citados anónimamente por The New York Times, aseguraron que el almirante había expresado en privado su “preocupación” por la misión y la legalidad de los ataques letales. La renuncia fue recibida con inquietud en el Congreso. El senador demócrata Jack Reed, presidente del Comité de Servicios Armados, calificó la partida de Holsey como “una señal alarmante de inestabilidad en la cadena de mando” en un momento crítico de las relaciones con Venezuela. La salida de Holsey se suma a una serie de destituciones y renuncias de altos mandos militares durante el segundo mandato de Trump, lo que ha sido interpretado por los críticos como una politización de las Fuerzas Armadas. Este evento sugiere que la política de mano dura de la Casa Blanca podría no contar con un respaldo unánime dentro del estamento militar estadounidense.