La administración Trump justifica su ofensiva militar y diplomática contra Venezuela bajo la acusación de que altos funcionarios del gobierno de Nicolás Maduro, incluido el propio presidente, lideran el “Cartel de los Soles”. Esta narrativa, que presenta al Estado venezolano como una organización narcoterrorista, es la piedra angular de la estrategia de Washington para legitimar sus acciones de presión y posibles intervenciones. Estados Unidos ha formalizado esta acusación ofreciendo una recompensa de 50 millones de dólares por información que conduzca a la captura de Maduro por cargos de “narcoterrorismo”. Además, ha designado a grupos que operan en Venezuela, como el Tren de Aragua, como Organizaciones Terroristas Extranjeras. Esta caracterización del gobierno venezolano como una empresa criminal es utilizada para justificar los ataques letales en el Caribe, describiéndolos como golpes contra “narcoterroristas”.
Sin embargo, esta justificación ha sido cuestionada.
El gobierno de Maduro niega rotundamente las acusaciones, afirmando que el verdadero interés de Estados Unidos son las vastas reservas de petróleo de Venezuela. Algunos analistas y medios de comunicación también han señalado inconsistencias en la narrativa estadounidense, como el hecho de que la mayoría del narcotráfico hacia EE.
UU. se produce a través del océano Pacífico y por rutas terrestres desde México, no principalmente por el Caribe.
Además, la droga que causa más muertes por sobredosis en EE.
UU. es el fentanilo, que no se transporta mayoritariamente por esta vía. Por tanto, la ofensiva en el Caribe es vista por muchos como un pretexto con fines geopolíticos más que una genuina operación antinarcóticos.
En resumenAl enmarcar el conflicto como una guerra contra un 'Estado narcoterrorista' liderado por el 'Cartel de los Soles', Estados Unidos busca crear una justificación legal y política para sus crecientes acciones militares, eludiendo los canales diplomáticos tradicionales.