Actores clave como China y Colombia han manifestado su postura frente a una crisis que amenaza la estabilidad regional.
China, un aliado estratégico de Venezuela, ha expresado su oposición a las acciones estadounidenses. El embajador chino en Colombia, Zhu Jingyang, afirmó que su país “se opone a la amenaza o uso de la fuerza en las relaciones internacionales y rechaza cualquier injerencia externa en los asuntos internos de Venezuela bajo cualquier pretexto”. Esta declaración subraya el respaldo de Pekín al principio de soberanía y su rechazo a las políticas intervencionistas de Washington en la región. Por su parte, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha adoptado una postura crítica frente a las acciones de Estados Unidos, a pesar de no reconocer al gobierno de Maduro.
Petro advirtió sobre las graves consecuencias que una intervención militar en Venezuela tendría para Colombia.
“Sé qué puede pasar en Colombia (...) si allá caen misiles o, como anuncian hoy, si empieza por tierra una actividad violenta de agentes de la CIA”, declaró, mostrando su preocupación por un posible coletazo de violencia en su país. Además, Petro cuestionó la legalidad de los ataques en el Caribe, afirmando que una de las lanchas bombardeadas era colombiana y que una de las víctimas era un pescador, lo que generó una fuerte reacción de la Casa Blanca. El mandatario colombiano también anunció que no asistirá a la Cumbre de las Américas debido a la exclusión de Venezuela, Cuba y Nicaragua, y a la “agresión en el Caribe”. Estas reacciones internacionales, aunque diversas en su tono, coinciden en la preocupación por una posible escalada militar y reflejan las complejas alianzas geopolíticas en juego.













