Las aeronaves fueron escoltadas por cazas F-35B Lightning II del Cuerpo de Marines. Analistas de seguridad, como Manfred Grautoff, calificaron estos sobrevuelos como una señal inequívoca de prueba de las defensas aéreas y “casi la punta de lanza para lanzar un ataque de gran calado”. El coronel retirado Erick Rojo, por su parte, los describió como “mensajes políticos” dentro de un “juego que todo el mundo juega de llegar al límite del territorio aéreo y marítimo para buscar algún tipo de respuesta”. Estos bombarderos, con una autonomía de más de 14.000 kilómetros y capacidad para transportar más de 32 toneladas de armamento, incluyendo armas nucleares, son un símbolo del poderío militar estadounidense. Su presencia en el Caribe, junto con el despliegue naval, ha sido denunciada por el gobierno de Nicolás Maduro como un acto de intimidación y una provocación que amenaza la paz regional. La difusión de imágenes de los bombarderos por parte de la Fuerza Aérea de EE. UU. subraya la intención de hacer visible esta demostración de fuerza.