El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó haber autorizado a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para realizar operaciones encubiertas en Venezuela. Esta decisión representa una escalada significativa en la estrategia de Washington contra el gobierno de Nicolás Maduro, reavivando el debate sobre la injerencia estadounidense en América Latina. La revelación, inicialmente publicada por The New York Times y luego confirmada por el propio Trump, indica que la CIA tiene luz verde para llevar a cabo misiones secretas, que podrían incluir “operaciones letales”, tanto en Venezuela como en el Caribe. Al ser consultado sobre si la autorización incluía la “eliminación” de Nicolás Maduro, Trump respondió que sería “ridículo” contestar esa pregunta. El mandatario justificó la medida argumentando que Venezuela ha “vaciado sus cárceles” para enviar criminales a Estados Unidos y que una gran cantidad de drogas proviene del país suramericano. El gobierno venezolano reaccionó de inmediato, calificando el anuncio como una “gravísima violación del derecho internacional” y un “acto de agresión”.
Nicolás Maduro afirmó que no le sorprendía la noticia, pero destacó que era la primera vez que un presidente estadounidense admitía públicamente su participación en intentos de desestabilización, calificándolo de “honestidad macabra”. Caracas denunció formalmente las declaraciones ante la ONU y la CELAC, advirtiendo que las maniobras buscan legitimar un “cambio de régimen”. Analistas y exfuncionarios de inteligencia, como el excontratista de la CIA Ron Aledo, sugirieron que estas operaciones podrían incluir el reclutamiento de generales venezolanos para un golpe de Estado. Otros, como el coronel retirado Erick Rojo, interpretaron el anuncio público como una jugada política para “alborotar a Maduro” más que como una directriz operativa inmediata.
La medida revive el historial de intervenciones de la CIA en la región, como los golpes de Estado en Chile y Guatemala durante la Guerra Fría.
En resumenLa autorización de operaciones de la CIA en Venezuela, confirmada por Trump, marca un endurecimiento de la política estadounidense, pasando de la presión diplomática a la amenaza de acciones encubiertas. Mientras Washington justifica la medida por seguridad nacional y lucha antidrogas, Caracas la denuncia como un plan intervencionista que viola su soberanía.