La tensión en el Caribe alcanzó un punto crítico con un incidente aéreo que involucró a cazas venezolanos y un buque de guerra estadounidense, provocando una dura advertencia del presidente Donald Trump. El episodio resultó en un inmediato refuerzo del despliegue militar de Estados Unidos en la zona, aumentando el riesgo de una confrontación directa. El 4 de septiembre, el Departamento de Defensa de Estados Unidos denunció que dos aviones de combate F-16 de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) realizaron un sobrevuelo armado cerca del destructor USS Jason Dunham, que operaba en aguas internacionales. El Pentágono calificó la maniobra como una "acción altamente provocadora" y una "demostración de fuerza innecesaria y peligrosa", diseñada para interferir en sus operaciones antinarcóticos. La respuesta de la Casa Blanca fue contundente.
El presidente Donald Trump advirtió que cualquier avión militar venezolano que represente una amenaza para sus fuerzas "será derribado".
En declaraciones a la prensa, Trump fue explícito: "Si nos ponen en una posición peligrosa, serán derribados", y delegó en sus comandantes la decisión de actuar. Como medida inmediata, Estados Unidos ordenó el despliegue de diez cazas F-35 de última generación a una base aérea en Puerto Rico, sumándose a la ya considerable presencia naval. El gobierno venezolano, por su parte, no ha comentado oficialmente el incidente del sobrevuelo, pero el canciller Yván Gil calificó el envío de los F-35 como una "amenaza" y una acción "irracional". Este cruce de acciones y amenazas representa una de las escaladas más serias entre ambos países, pasando de la presión diplomática y económica a una confrontación militar directa en el dominio aéreo y naval.
En resumenEl sobrevuelo de cazas venezolanos a un buque estadounidense y la subsiguiente amenaza de derribo por parte de Donald Trump, junto con el despliegue de F-35, han elevado la tensión militar a un nuevo nivel, creando un escenario de alto riesgo para un enfrentamiento armado en el Caribe.