Estados Unidos intensifica la presión con un masivo despliegue militar en el mar Caribe
El gobierno de Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ha ordenado uno de los mayores despliegues militares en el Caribe en décadas, posicionando una formidable flota naval y aérea cerca de las costas de Venezuela. Esta maniobra ha elevado drásticamente la tensión en la región y es interpretada como una demostración de fuerza directa contra el gobierno de Nicolás Maduro. La operación, justificada por Washington como una misión contra el narcotráfico, constituye una de las mayores movilizaciones navales en la región desde la década de 1980. La flota incluye múltiples buques de guerra, como los destructores de misiles guiados clase Arleigh Burke (USS Jason Dunham, USS Gravely, USS Sampson), un submarino nuclear de ataque rápido (USS Newport News) y buques de asalto anfibio como el USS Iwo Jima, que transportan a más de 4.500 efectivos, incluyendo 2.200 infantes de marina. A este despliegue se suman aeronaves de vigilancia P-8A Poseidon y, más recientemente, diez cazas F-35 de última generación enviados a Puerto Rico. El secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, reforzó el carácter de la misión al dirigirse a las tropas, afirmando que no se encuentran en un "ejercicio de entrenamiento" sino en una operación real. Analistas señalan que la magnitud de la fuerza es desproporcionada para una simple acción antidrogas, sugiriendo que el objetivo principal es ejercer una presión militar directa sobre el régimen de Maduro, al que acusan de liderar el "Cartel de los Soles". Esta demostración de poderío marítimo también se enmarca en una estrategia geopolítica más amplia de la administración Trump para reafirmar la hegemonía estadounidense en la región frente a la creciente influencia de China. La presencia de activos con capacidad nuclear ha sido denunciada por Venezuela como una violación del Tratado de Tlatelolco, que declara a América Latina como zona libre de armas nucleares.



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