En una medida con profundas consecuencias humanitarias, la administración Trump anunció el fin del Estatus de Protección Temporal (TPS) para cientos de miles de venezolanos residentes en Estados Unidos. La decisión, justificada por la Casa Blanca como una medida para desincentivar la migración irregular, deja a aproximadamente 250.000 personas en riesgo de deportación. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS), bajo la dirección de la secretaria Kristi Noem, confirmó que el programa, establecido en 2021 para proteger a venezolanos de la deportación debido a la crisis en su país, no será renovado y su designación expirará el 10 de septiembre de 2025. El gobierno argumentó que mantener el TPS para venezolanos “socava directamente los esfuerzos del Gobierno de Trump por asegurar nuestra frontera sur y gestionar la migración de manera eficaz”, describiendo el programa como un “claro efecto imán” para la migración.
Esta decisión insta a los afectados a “autodeportarse”.
La medida ha sido fuertemente criticada por organizaciones de derechos de los migrantes, quienes advierten que empujará a miles de familias a la irregularidad. Sin embargo, la política ha enfrentado obstáculos legales.
Un juez federal en San Francisco, Edward Chen, emitió un fallo que impide temporalmente al gobierno poner fin al programa, argumentando que la secretaria Noem excedió su autoridad legal y actuó de manera “arbitraria y caprichosa”. A pesar de este alivio temporal, la intención de la administración de terminar con la protección ha generado una enorme incertidumbre en la diáspora venezolana, convirtiendo la política migratoria en otra herramienta de presión en el conflicto bilateral.
En resumenLa decisión de la administración Trump de terminar el TPS para venezolanos utiliza la política migratoria como un instrumento de presión contra el gobierno de Maduro, generando una crisis de incertidumbre para un cuarto de millón de personas. Aunque un fallo judicial ha frenado temporalmente la medida, la amenaza de deportación masiva sigue latente.