La intensificación de la presión estadounidense ha generado reacciones diversas dentro de la oposición venezolana, evidenciando las diferentes visiones estratégicas para lograr un cambio político en el país. Mientras algunos líderes apoyan una línea dura, otros abogan por la cautela y la defensa de la soberanía. La líder de Vente Venezuela, María Corina Machado, ha adoptado una postura de confrontación directa con el régimen. Ha instado a los venezolanos a “desobedecer” el llamado de Maduro a alistarse en la milicia, argumentando que se trata de un “espectáculo de una tiranía que termina”. Machado interpreta la presión de Washington como una señal de que el gobierno de Maduro “se está desmoronando” y afirmó que “Trump no está jugando”.
Su discurso busca capitalizar la presión externa para alentar la desobediencia civil y la fractura interna.
Por otro lado, el excandidato presidencial Henrique Capriles ha manifestado su rechazo a una “acción de fuerza contra Venezuela”.
En sus declaraciones, ha hecho un llamado a defender la paz regional y a respetar la soberanía de las naciones, marcando una distancia con las posturas que podrían favorecer una intervención militar. Esta dualidad de opiniones refleja un debate histórico en la oposición sobre el papel que debe jugar la comunidad internacional, y específicamente Estados Unidos, en la resolución de la crisis venezolana. Mientras un sector ve la presión militar como una herramienta necesaria para debilitar al régimen, otro teme que una intervención pueda derivar en un conflicto armado con consecuencias devastadoras para el país.
En resumenLa ofensiva de Estados Unidos ha puesto de relieve las divisiones estratégicas en la oposición venezolana. La disyuntiva entre apoyar la presión máxima, con riesgo de una escalada militar, o defender la soberanía y buscar una salida negociada, sigue siendo uno de los principales desafíos para la unidad opositora.