UU. no es la lucha contra las drogas, sino el control de los vastos recursos naturales de Venezuela, como el petróleo y el oro, utilizando el narcotráfico como un pretexto, similar a las “armas de destrucción masiva” en Irak. La estrategia combina el poder militar con sanciones, acciones judiciales y presión diplomática, buscando un cambio de régimen sin los costos de una ocupación.
Analistas debaten si estrategia de EE. UU. es de presión o preludio de una invasión
El masivo despliegue militar estadounidense ha generado un intenso debate sobre las verdaderas intenciones de la administración Trump: si se trata de una estrategia de máxima presión para forzar una transición negociada o el preludio de una intervención militar directa. La mayoría de los análisis sugieren que, aunque la operación es una clara demostración de fuerza, una invasión a gran escala es poco probable debido a sus altos costos políticos, económicos y humanos. La estrategia de Washington parece centrarse en la disuasión y la coerción. Varios artículos argumentan que el objetivo no es una invasión al estilo de Panamá en 1989, sino inducir fracturas internas en la cúpula chavista y en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). El exembajador estadounidense en Caracas, Jimmy Story, señaló que la flota actual “no es suficiente para un enfrentamiento militar”, comparando los 2.200 infantes de marina desplegados con los 30.000 soldados que participaron en la operación de Panamá. La táctica parece ser asfixiar las fuentes de financiamiento ilícito del régimen, como el narcotráfico y la minería ilegal, para erosionar la lealtad de sus bases militares y políticas. Algunos análisis también destacan que la verdadera motivación de EE.



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