Previamente, en 1994, había conseguido un empate 0-0 en otro amistoso.

Más allá de la racha negativa, el principal reto que impone el Azteca es la altura, ya que se encuentra a 2.240 metros sobre el nivel del mar, un factor que indudablemente influye en el desgaste físico de los jugadores no aclimatados. Para el Mundial, el estadio, que se encuentra en su fase final de remodelación, tendrá una capacidad superior a los 80.000 espectadores, lo que garantiza un ambiente imponente. El partido contra Uzbekistán será, por tanto, una oportunidad para que la generación actual, dirigida por Néstor Lorenzo, demuestre que puede romper con lo que se ha descrito como un “mito o mala suerte del pasado” y comenzar su participación mundialista superando una barrera histórica.