Contra Francia, una potencia europea, Colombia demostró carácter y solidez táctica.
El único gol del encuentro llegó de manera temprana, a los dos minutos de juego, cuando Óscar Perea aprovechó un error en la salida del equipo galo, tras una recuperación de Royner Benítez, para definir con categoría y sellar la ventaja. A partir de ese momento, el partido se convirtió en un ejercicio de sacrificio defensivo, donde la zaga colombiana, liderada por el capitán Simón García, y las intervenciones del arquero Jordan García, fueron fundamentales para contener los embates franceses. El equipo supo sufrir y mantener la ventaja hasta el pitazo final, desatando la celebración por un podio que no se conseguía desde el Mundial de Emiratos Árabes Unidos en 2003.
Esta victoria no solo representa un éxito deportivo, sino también una revancha personal para jugadores como Perea, quien había fallado una oportunidad clara contra Argentina. El triunfo es un reconocimiento a un proceso que, a pesar de no alcanzar la final, dejó una huella positiva y demostró que el fútbol juvenil colombiano tiene la capacidad de competir al más alto nivel internacional, dejando un balance de cuatro victorias, dos empates y una sola derrota en siete partidos disputados.













