Su gestión fue fundamental para construir un equipo competitivo que supo sortear las dificultades y mostrar carácter en los momentos decisivos.

En la final de vuelta contra Real Cundinamarca, supo motivar a sus jugadores para remontar el marcador adverso de la ida y mantener la calma incluso después de fallar dos penales en el tiempo reglamentario. La victoria final en la tanda de penales fue la culminación de un proceso en el que Flórez logró imprimir su sello en el equipo, combinando experiencia y juventud para alcanzar el objetivo. Su nombre ya es querido en la institución, pero este logro lo eleva a un estatus de ídolo, al ser el artífice de una de las gestas más emotivas y esperadas por la afición nortesantandereana en los últimos años.