Su declaración, “así es como deben terminar todos los tiranos: muertos o presos”, resume su postura intransigente.

Los artículos lo describen como el candidato “más alineado con la intervención” y un aliado de Donald Trump en Colombia. Un artículo de opinión de Jaime Arango lo presenta como un “símbolo de que, en el final de la esperanza, aún es posible mantener la ilusión”, una figura que representa un relato de superación sin perder la autenticidad, en contraste con un país “culpabilizado”. Esta construcción narrativa busca posicionarlo como el líder que puede enfrentar a los “verdugos” y ofrecer un camino de redención. Su campaña también ha sido objeto de desinformación, como un video falso creado con inteligencia artificial en el que el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, supuestamente pedía votar por él, lo que evidencia su relevancia en el debate público. Su estrategia parece enfocada en cohesionar al electorado más convencido de la derecha con un discurso de orden, seguridad y confrontación directa.