El histórico aumento del salario mínimo decretado por el gobierno de Gustavo Petro, superior al 20 %, se ha posicionado como una de las políticas más emblemáticas y divisorias de su administración, con profundas implicaciones electorales. La medida es presentada no solo como una decisión económica, sino como un giro constitucional que busca transformar el salario mínimo en un “salario vital”, reabriendo un debate fundamental sobre la justicia social y el modelo de desarrollo del país. Los artículos destacan que este incremento rompe con una inercia de más de tres décadas en las que los ajustes salariales apenas compensaban la inflación. Al ubicar la política salarial en el centro del Estado Social de Derecho, el gobierno apela directamente al artículo 53 de la Constitución de 1991, que exige una remuneración “mínima, vital y móvil”.
Esta decisión es defendida por figuras como Clara López Obregón como una interpretación constitucionalmente necesaria y no una extralimitación.
Sin embargo, la medida enfrenta una fuerte oposición de sectores que advierten sobre sus posibles efectos negativos, como la informalidad y la sostenibilidad de las pequeñas y medianas empresas.
La economista y exministra Cecilia López es citada expresando su preocupación por los trabajadores menos calificados, como porteros y empleadas domésticas, quienes podrían ser los más perjudicados.
Este debate refleja el choque entre dos proyectos de país: uno que prioriza la dignificación del trabajo como motor de la democracia y la demanda interna, y otro que se enfoca en la ortodoxia macroeconómica y la estabilidad fiscal. La controversia sobre si un salario digno destruye la economía o, por el contrario, la fortalece al reducir la desigualdad, será sin duda un eje central en la campaña presidencial de 2026.
En resumenEl aumento del salario mínimo trasciende lo económico para convertirse en una poderosa declaración política del gobierno Petro. La medida polariza el debate entre la defensa de un “salario vital” como pilar de la justicia social y las advertencias sobre sus riesgos para el empleo, perfilándose como un tema definitorio en la próxima contienda presidencial.