Esto expone a Cepeda a ser presentado por sus adversarios como el rostro de una política de negociación con actores que la justicia de EE.

UU. considera terroristas.

La situación se agrava por su condición de puntero en algunas encuestas, lo que lo convierte en un “blanco total”. La captura de Maduro transforma la trayectoria de Cepeda en un “plebiscito viviente” sobre la política de paz, enfrentando la narrativa de “mano dura internacional” contra la de “arquitectura de negociación”.