La operación militar estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro ha generado una clara fractura entre los precandidatos presidenciales colombianos, quienes han adoptado posturas que van desde la celebración efusiva hasta la condena categórica. Estas reacciones iniciales sirven como un marcador ideológico que define los perfiles de los aspirantes y anticipa los ejes de confrontación en la campaña electoral de 2026. En el espectro de la derecha, la respuesta fue de respaldo unánime a la intervención. Abelardo De la Espriella, candidato que lidera algunas encuestas, fue el más contundente al afirmar: “Así es como deben terminar todos los tiranos: muertos o presos”. De manera similar, Paloma Valencia, candidata del uribismo, defendió la operación argumentando que “no hay derecho internacional que justifique dictaduras”, mientras que Vicky Dávila, de la coalición de centro-derecha, y el exembajador Juan Carlos Pinzón, calificaron al régimen de Maduro como una “narcodictadura”.
En el centro, las posiciones fueron más matizadas.
Sergio Fajardo celebró la caída del “dictador”, pero mostró preocupación por el método, señalando que la intervención militar vulnera la carta de la ONU. Claudia López, por su parte, evitó condenar la acción y se centró en la necesidad de apoyar un gobierno de transición. En la izquierda, el rechazo fue frontal.
Iván Cepeda, candidato del petrismo, calificó la operación como una “agresión” que podría escalar a un conflicto transnacional, y Roy Barreras, aunque tildó a Maduro de dictador, sostuvo que esto no justifica intervenciones extranjeras, advirtiendo sobre el riesgo de una guerra regional. Esta división refleja las profundas diferencias sobre soberanía, derecho internacional y el manejo de las relaciones exteriores que marcarán la contienda.
En resumenLas reacciones a la captura de Maduro han cristalizado las posturas de los candidatos: la derecha celebra sin ambages, el centro expresa una aprobación matizada por la preocupación por el método, y la izquierda condena la acción como una agresión imperialista. Este evento se convierte así en un primer gran diferenciador de la campaña presidencial.